Pizza a domicilio
Franklin
Pech esperaba su pedido en la cola de la pizzería, una grande hawaiana con
extra queso… —Aquí está su pedido, —Le notificó el despachador del restaurante—
revisó las instrucciones de entrega, se
subió a su motocicleta, arrancó y se
enfiló con rumbo a Chuburná. En el camino se encontró un lento camión que
llevaba postes de concreto y le colgaba un cable de acero con un arnés en la punta, que chicoteaba peligrosamente
en la parte de atrás con las imperfecciones del camino. El tráfico se detuvo y
Franklin quedó atorado detrás del camión, buscando la manera de librarlo maniobra
peligrosamente, sin darse cuenta que el arnés que cuelga queda justo bajo su
llanta frontal. Un auto le pita y lo distrae, el camión arranca con fuerza y el
arnés se engancha en la rueda y lo empieza a arrastrar, lentamente primero y
luego empieza a acelerar. Franklin grita por ayuda, otros automovilistas ven su
peligrosa situación, tocan el claxon para llamar la atención del camionero sin
éxito, lleva los vidrios cerrados tiene el radio a todo volumen y canta a grito pelado una insulsa canción grupera. Franklin va ahora rebotando en el pavimento
agarrado a la motocicleta, finalmente suelta su máquina, rueda entre los autos y el sol se apaga.
Cuando abre los ojos, se encuentra entre arbustos en un hermoso y verde paraje bañado de sol, va vestido con un traje de gamuza al más puro estilo Toro, del Llanero solitario, le cuelgan flecos de los brazos, del pecho y pantalón, calza unos cómodos mocasines del mismo material. Se percata que algo se mueve en la maleza, piensa que es el conejo que persigue. Prepara su arco y de repente se da cuenta que hay un gringo escondido arriba, vestido de cowboy, dándole caza a él, que sin darle oportunidad desde un árbol le salta encima mascullando injurias en inglés, lo inmoviliza, lo amarra con doble lazo para arrastrarlo por los pies a cabeza de silla y acabar así con su vida despedazándolo, un castigo ejemplar que escarmentará al resto de la tribu Sioux para alejarse de las tierras, que ahora consideran suyas los invasores europeos.
Va por su caballo, arrolla
el lazo a la cabeza de la silla, monta y espolea al rocín, que arranca como rayo. Franklin
se da cuenta de su grave situación, le grita al terco gringo que pare, que se
equivoca, que él no es… pero de su boca sale un dialecto desconocido que ni él
entiende, el gringo no le hace caso y acelera. Su ropa de cuero no resistirá
mucho tiempo y sus carnes pronto se consumirán por la abrasión.
El
gringo vira a la derecha, Franklin sabe que tomó un camino equivocado que los lleva
al barranco. No sabe cómo pero lo sabe. No
podrán pasar por ahí, el gringo es un imbécil y el va colgando de la silla... Llegaron a la
orilla, y tal cual, el caballo retrancó al ver el obstáculo, en ese mismo momento
el lazo que lo arrastraba se enganchó con un tocón de raíces de árbol que los
paró a todos en seco. Franklin es arrojado sobre unos huizaches que, aunque
llenos de espinas, le amortiguan la caída. El gringuito no tuvo tanta suerte, el
tirón de la soga en la silla de montar los levantó a ambos por los aires, cayó
de espaldas desde esa altura y el caballo se desplomó patas arriba cayéndole
encima al jinete, rompiéndole el cuello.
Franklin
se desata y se acerca al gringo, ve que pasó a mejor vida, suelta el caballo,
lo desensilla y monta a pelo, se lo lleva galopando a toda velocidad.
De
repente ve como un destello y ahora va corriendo por las calles de Chuburná, no
entiende que pasa pero se detiene frente a una casa, baja del caballo y ve que
tiene unas alforjas verde fosforescentes, abre su alforja y es una caja de
pizza que dice “hawaiana para Gladys Arceo” checa su celular y ve que la
dirección coincide; toca a la puerta y le abre una señora con su celular pegado
a la cara mirando al cielo, alega a gritos algo con alguien y sin prestar mucha atención
a Franklin estira la mano libre para recibir el paquete…
— ¿Gladys
Arceo?
— Si
— Aquí
está su pizza señora.
— Gracias,
hasta luego.
Una
niña que estaba mirando desde la puerta dice a su mamá.
— ¿Viste
que lindo caballo pinto y qué bonito traje de indio con pluma y todo trae nuestro
repartidor? La madre le contesta
— ¿Quién mi amor?
— El
señor de la pizza, míralo bien
Ella
voltea pero Franklin ya se ha ido.
— Estás
soñando linda, debe ser de hambre, ven acá, mejor vamos a comer.
Franklin
galopa con su caballo, otro destello de luz y el panorama le cambia otra vez, está
llegando a un pueblo indio, lo reciben entre vítores por haber acabado con el
gringo, desmonta y una hermosa india al estilo Pocahontas lo recibe, lo besa y lo
apapacha, la tribu aplaude. él la ve atónito sin creer tanta belleza.
— ¡Bienvenido
Zorro Arrastrado!
— Gracias,
gracias, —balbucea en esa extraña lengua-
Él
le sigue la corriente, piensa que se está volviendo loco pero se deja dirigir por
la chica, ella lo lleva a un Tipi, todo está preparado, ella lo
desnuda y lo baña en un ritual mágico con yerbas de olor, lo cubre de
besos, le da masaje y le hace el amor. Finalmente queda exhausto y cae profundamente
dormido en una esterilla.
Franklin está teniendo una erección, lo cual es buena señal
de recuperación, —piensa el doctor— Es un buen momento para despertarlo. Le da
unos garnuchos en el órgano viril y le pone una inyección de provigil en la nalga que lo
despierta casi enseguida. Franklin desilusionado y molesto se le queda viendo, no se explica por qué le duele tanto y porqué tenía que terminar su
aventura tan bonita frente a este tipo tan salvaje.
— ¿Cómo
se siente Franklin?
— Bien
doctor, pero estaba mejor descansando.
El
galeno le dice que llevaba inconsciente dos días, que tuvo un infarto y que temieron por su vida.
Franklin no le da demasiada importancia, la muchacha india sigue en su mente;
luego intenta comentar al doctor su experiencia, pero cuando ve que este no le
hace mucho caso y se pone a garabatear en su libreta desiste de su intento de
socializar.
Franklin
resignado pero contento se dirige a recoger su ropa para salir del hospital y
al abrir el closet, encuentra colgado en un gancho, un traje de gamuza con
flecos y unos mocasines.
Cuento
by Yoxi
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