Albóndigas yucatecas
Llegué justo a tiempo, era el convivio anual de amigos de la prepa y ese día le tocaba a Elsa darlo en su casa. Entre pláticas y sonrisas de los invitados, de una enorme fuente de porcelana china que hacía juego con el cucharón, se servía la comida. Esperé a que todos estuvieran servidos y empezamos a comer. Fue en ese momento que miré mi plato y de la nada me vino un profundo sentimiento de tristeza y frustración… No sé qué cara puse pero ella lo notó enseguida, intrigada se acercó y me preguntó: – ¿Qué tal está mi guiso eh? – Se ve muy bueno Se puso en jarras y en broma me retó. – ¡Pues qué esperas, cómelo! – Claro… —dije muy quedo Fingí mi mejor sonrisa, metí la cuchara al plato y tomé una cucharada del caldo con fideos, me quedé pasmado… – ¿Qué guiso es? –le pregunté – ...