Salvemos al Circo
En una carpa descolorida de un circo en vías de extinción, platican el domador y el payaso, el domador tiene una propuesta y toma la palabra.
— Con
esto de los grupos ecologistas que están dizque en favor del planeta, ya nos
reventaron la economía Lolito, como tú ya sabes se llevaron todos nuestros
animales salvajes, lo más triste es saber que nos lo quitaron y los dejaron
morir los muy malditos. Pero tengo una idea y un plan para salvar el circo, solamente
espero que no surja ahora algún grupo ecologista que proteja monstruos mayas… Me
preguntarás que tiene esto que ver contigo y como será posible que un domador y
un payaso salvemos el circo, pues creo que podemos lograrlo, este es el plan…
Espero
que no sea nada ilegal mi jefe —Contestó Lolito— quien junto con Bellatrix, su
linda pareja y experta trapecista, eran la atracción principal del pequeño
circo desde que les quitaron a los animales. Ambos hacían las delicias del
público que asistía al circo; ella, con sus peligrosas evoluciones en el aire y
su esbelta figura, él, con sus graciosas ocurrencias y originales puntadas. A pesar
de las restricciones y el poco aforo por la pandemia, ellos salían con gusto a
trabajar cada tarde y el público siempre les respondía.
— Mira
Lolito, ahora que estamos parados acá en Kanasín, estuve estudiando unos viejos
manuscritos que un amigo mío yucateco —que es un erudito de la cultura maya— me
prestó: Me enteré que existen muchas leyendas de seres que habitan en la selva
maya, que la gente conoce pero que no se dicen. Entre otras hay una muy
peculiar; la del Che Uinic, que es un hombre de los bosques o de la selva maya.
Es una criatura humanoide temible, enorme, probablemente más de cuatro metros,
tiene una poderosa voz como de trueno que paraliza a sus víctimas de miedo, para
luego tranquilamente acercarse y engullirlas.
Tiene un gusto especial por los viajeros perdidos, le encanta el sabor de la
carne humana; sin embargo, tiene algunas debilidades que usaremos en su contra:
No tiene huesos, así que si se cae no se puede levantar enseguida, tiene los
pies apuntando al revés, lo cual dificulta mucho su andar; camina ayudado de un
árbol largo con todo y raíz que usa como bastón. Debido a su torpeza, suele
armar trampas para capturar a sus víctimas sin tener que cazarlas con arma
alguna; come también venados y otros animales menores, con los que puede saciar
su apetito a falta de caminantes. Se dice que por las noches cuando tiene
hambre, grita a los cuatro vientos, se pueden escuchar sus alaridos a una legua
de distancia; los pobladores lo saben y se guardan en sus casas al oírlo. Nuestra
misión será localizarlo, capturarlo, sacarle fotografías y… dependiendo de las circunstancias,
traerlo cautivo al circo, donde será la atracción principal.
— Suena
muy raro y peligroso jefe, y como lo vamos a hacer para alimentarlo, para que
no se enoje y empiece a gritar como loco y asuste a todos los niños y niñas…
— Tú
lo has dicho Lolito, lo alimentaremos con niños y niñas abandonadas que
encontremos en la calle y de paso acabamos con la miseria…
— No
me parece una buena idea jefe, yo no participaré con nada que tenga que ver con
alimentar monstruos del bosque con niños de la calle, discúlpeme.
— ¡Es
broma Lolito! ¿Cómo crees? pero no adelantemos vísperas, vamos a ver si primero
encontramos a la bestia y si la podemos capturar antes de servirle de cena,
después pensaremos en cómo alimentarlo.
— Me
parece mejor jefe, creo le podemos dar alimento para cocodrilos, nos sobró
mucho ahora que se los llevaron los de la Semarnat.
— Bueno,
este es el plan: tú te vas vestido con tu traje de payaso, zapatones, maquillado,
con florecita que echa agua y todo y yo me vestiré de domador, con librea,
látigo, bastón y bombín.
— ¿Pero
porqué vestidos así? no tiene sentido jefe, si hay que salir corriendo se nos
va a dificultar.
— No, al
contrario, será nuestro salvoconducto; olvidaba decirte cual es la forma de
vencer al monigote este sin que antes nos devore, literalmente se va a orinar
de risa.
— Cada
vez entiendo menos mi jefe…
— Pues
resulta que tiene otro punto débil, si te descubre y te grita no te asustes,
simplemente mantén la calma, ponte a hacer tu numero, baila, canta, mueve la
colita, pon cara de enamorado, huele la flor, échate un chorro de agua y ríete.
A él también le va a dar mucha risa; un ataque de risa que lo va a tirar al
suelo, no podrá levantarse y es ahí donde yo entro en escena, le echo la red encima,
lo aseguramos y lo arrastramos con los animales hasta el circo; lo encerramos
en la jaula de los leones, le damos su alimento para cocodrilo y listo.
— Caray
suena muy fácil. ¿Y si algo sale mal?
— Nada
puede salir mal, tú limítate a hacer tu parte para que se ría mucho el monstruo
y lo demás déjamelo a mí.
— Está
bien mi jefe.
Pues
llego la noche esperada, se vistieron con sus galas circenses como si fueran a
representar una última gran función; prepararon la camioneta, cargaron con el
burro y la mula atrás y se internaron en la selva maya profunda con mapa y brújula.
Llegaron
a un paraje donde ya no se podía avanzar más con la camioneta, bajaron los
animales, el equipo y siguieron a pie como una hora.
El
domador ponía mucha atención de que no hubiera trampas del Che Uinic en el
camino y terminaran ellos siendo la cena. En eso encuentran una trampa con un
venado atrapado colgando de un árbol.
— Este
es nuestro día de suerte Lolito, seguro el Che Uinic no tarda en venir por su
cena y lo atraparemos en un santiamén, no olvides seguir las instrucciones.
— Si
Jefe, me pongo a diez metros a actuar y listo.
— Exacto,
eres un genio, lo entendiste perfecto…
Se
preparan, esconden los animales a buen trecho, Lolito queda en posición frente a la trampa, el domador en
un flanco con la red y permanecen en silencio. De repente escuchan gritos
espantosos que los dejan helados, los gritos se van acercando a ellos poco a
poco; sienten que retumba el piso con tres golpes y se repite, tres golpes y se
repite cada vez más cerca y más fuerte.
Lolito
lo ve aparecer primero en la penumbra, y luego, un rayo de luna que se filtra
por las nubes le ilumina el rostro, queda petrificado, El domador lo ve también;
El tal Che Uinic es muy feo, enorme, medio peludo, medio lampiño en parte y apesta
a diablos; llega hasta la trampa sin notar su presencia, coge la red y el
venado cae, lo atrapa en el aire, se lo zampa directo en la boca y lo empieza a
engullir con avidez, su concierto de molestos alaridos al menos cesa por un momento.
Parece que no le durará mucho el bocado.
El jefe
le hace señales a Lolito para que salga y Lolito no sale está paralizado, el
Jefe le hace más señas, agarra una piedra, se la lanza y se agacha, el Che
Uinic lo descubre; le da la última mordida a su venado, es una pierna que pela
de un mordisco, tira el hueso y se va por el domador. Lolito sigue sin reaccionar.
El jefe sabiéndose descubierto sale a escena, hace una reverencia y con el
bombín en una mano y el bastón en la otra empieza a cantar y a bailar el New
York New York a la Liza Minelli. El Che Uinic lo ve pero eso no parece divertirlo.
Entonces,
como un milagro, se abren las nubes del cielo y cae plena la luz de la luna
llena en el claro del bosque, aparece Lolito brillando con su traje de
lentejuelas, su nariz roja y su pelo color zanahoria haciendo su entrada
triunfal ¡Charraaan! va contoneándose y cantando una cursi melodía de amor; va moviendo
la colita. El Monstruo lo ve y captura su atención, Lolito se acerca más
cantando y bailando, camina al estilo Chaplin de aquí para allá, huele la flor
y sale un chisguete que le moja la nariz, saca su pañuelo de bolitas y se seca
solemne. De repente el monstruo empieza a reír tímidamente, Lolito deshoja una
margarita: Y diche uno, y diche doch, y diche trech, pone cara de enamorado y
suspira con la mano sobre el corazón; El monstruo revienta en carcajadas, se
agarra el estómago, no se puede contener y se orina de la risa — lo saben por
el fétido olor que llena el ambiente— suelta el bastón, y se desploma cuan largo es, se revuelca y patalea.
Su risa retumba por toda la selva.
El
domador rápidamente le echa la red encima. El Uinic parece ayudar, se enreda solo
con sus torpes movimientos. El domador trinca la red y le grita a Lolito que traiga
los animales, Lolito sigue actuando como en los días de oro de grandes éxitos
en el circo.
— ¡Lolito
con una chingada, ya párale, trae los animales!
Lolito
reacciona de su trance escénico, mira para todos lados —tal vez esperando el aplauso—
pero nada, el jefe lo mira impaciente levantando una ceja, Lolito levanta los
hombros y va por los animales. Haciendo una yunta con mula y burro se llevan jalando
a rastras al monigote. El domador va al frente y Lolito a la retaguardia en
silencio. Solo se escuchan eventualmente las risas ahogadas del monstruo, —que
tal vez recuerda lo que acaba de ver— pero poco a poco vuelve de su ataque
pírrico y se empieza a enojar de veras, vuelve a gritonear y a forcejear.
El
domador se acerca y le da varias con su látigo. ¡Quieto maldito engendro del
demonio! El Che Uinic está verdaderamente cabreado, los golpes no funcionan
para domarlo, al contrario lo hacen enojar más y parece que la red no va a resistir.
El domador temiendo que se les escape sin evidencia corre por su cámara y le
toma fotografías, le pide a Lolito que pose junto al monstruo; Lolito se le acerca
para la foto, se oye el clic y el monstruo, que está furioso rompe de un lado la
red, saca la mano y lo atrapa, se escucha el grito ahogado de Lolito espantado.
El monstruo lo tiene agarrado del torso como paleta y sin más se lo zampa en
las fauces, se oye tronar la osamenta de Lolito y el monstruo no para; sigue y
sigue engulléndolo, parece que se lo va a tragar todo entero de un bocado.
El
domador aterrado toma la última foto de su amigo, los zapatones de payaso es lo
único que queda fuera de las fauces del monstruo, se persigna y sale huyendo despavorido.
Ya
andando por el camino, no deja de pensar en esa última imagen y una idea peregrina
surge en su mente. ¿Le gustaría tanto Lolito al Che Uinic como su actuación?
Cuento
by Yoxi
28/09/2020
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