No llores así
No llores así
Miguel
llegaba tarde del trabajo, le pareció escuchar como lamentos en el interior de
su vivienda; giró la llave y abrió la pesada puerta de madera, el sonido se hizo
más claro, si, eran lamentos tan tristes y profundos que le traspasaron el alma
poniéndole de inmediato en alerta. Azotó la puerta tras de sí, cruzó el patio y
subió a zancadas las despostilladas escaleras tratando de localizar su origen; ¿Podría
ser Elisa su esposa? Llegó al tercer piso, conforme se acercaba los oía más claro, paró frente a la puerta de su
departamento, de ahí venían; dudó un instante por temor de lo que pudiera
encontrarse, se sobrepuso y abrió la puerta, caminó lentamente hasta la
recámara del fondo, la puerta estaba entreabierta, se asomó con sigilo; si, era
Elisa, que vistiendo todavía su batón de dormir, estaba como montada a
horcajadas en la cama balanceado su cuerpo hacia adelante y llorando desconsoladamente; a ratos gritaba en silencio, mientras agitaba como loca de
un lado a otro su ensortijada cabellera; sollozaba ahora cubriéndose el
rostro; Miguel abrió la puerta lentamente pero el chirrido de los goznes lo delató,
ella volteó a verlo y al reconocerlo se cubrió la cara nuevamente, lanzó un agudo
gemido y siguió con su acto de desolación con aun más vehemencia.
Él se le acercó y la tomó de la mano:
– ¿Qué te pasa Elisa? ¿Qué tienes? ¿Te sientes mal?
– ¡Déjame sola, vete de aquí!
Le dijo retirando su mano,
– ¡Ya se que a ti yo no te importo!
El se sentó en la orilla de la cama tratando de entender que le pasaba.
– Ya tranquila mi amor, no llores así, ya pasó.
– ¡Déjame!
gruño Elisa…
–¡Déjame
sola! Él le pasó el brazo despacito por los hombros consolándola en silencio, después
de un rato, sin saber que hacer se puso a llorar también. La mujer al ver lo
que había provocado en su pareja, entre suspiros se fue quedando callada. Miguel
muy despacio la fue soltando, la recostó en la cama, le arregló la bata, la
cobijó y así vestido se metió en la cama con ella, la quiso abrazar pero ella soltándose
se volteó hacia la pared, la abrazó de nuevo por detrás encima de las cobijas y
así entre suspiros y sollozos se fueron quedando dormidos.
En
la madrugada Elisa despierta, y al darse cuenta que él también ya está
despierto, a media voz y sin moverse, le confiesa sus quimeras: No sé qué me
pasa, todo me parece absurdo, la vida, yo misma. No sé qué hago aquí encerrada,
no sé quién soy, quisiera mejor morirme, todo me molesta, nada me importa, ni
tú; es más, ya no te quiero ver, mejor lárgate y déjame sola que me voy a
matar; no voy a esperar a que me mate esta estúpida pandemia, ¡No! ya fue
suficiente, no le voy a dar el gusto...
—
No hables así mi amor, no sabes lo que dices
—
Hace tiempo que me siento mal y ya te lo
dije, pero como tu si sales, pues ya me di cuenta que te importo un rábano. Me
dijiste el otro día que es normal que me sienta así, que tengo que leer un
libro, ¡Pero no me dices cual libro ni tampoco me lo traes! solo te burlas de
mí.
—
No me burlo, deberías ser más consciente, que
va a decir tu familia si haces una tontería, ¡Me van a culpar a mí!
—
¡Si ya sé que solo tú te importas! y el qué
dirán… pero ya basta, mañana me voy a salir a la calle desnuda y me voy a
aventar a un carro en el viaducto para que me despedace, que pase lo que tenga
que pasar, no voy a seguir presa en este sucio cuchitril en el que me tienes.
—
Tranquila mamá, mañana es sábado y tengo el
día libre, te prometo que vamos a salir a pasear —siguiendo las reglas
sanitarias claro— Te pones muy guapa y vamos a ir a una librería; te voy a
comprar el libro que necesitas, comemos fuera y te vas a sentir mejor, al
regresar vamos a leerlo juntos, ¿vale?
Al
día siguiente, bañados y arreglados entraron a una librería y mientras ella
curioseaba, Miguel se fue a preguntar a la encargada de la caja por un libro de
sicología para personas deprimidas por la pandemia, hablaba con ella cuando su
mujer se paró detrás y escuchaba lo que Miguel decía, cuando de pronto la
empleada se percató de su presencia, y asomándose de lado se dirigió
directamente a ella:
—
¿Eres tú Elisa? Soy yo Sonia, ¿Te acuerdas de
mi amiga? le dice mientras se baja el tapa bocas para mostrarle la cara, Elisa
la reconoce, se baja el tapa bocas también y le sonríe. Sonia sale de su
cubículo y se abrazan efusivamente las dos viejas amigas.
—
Tanto tiempo sin verte amiguita, me alegro
mucho de encontrarte; por lo que dijo el señor, supongo que es tu marido y están
pasando por un momento difícil, pero yo los voy a ayudar en todo lo que pueda,
ya verás.
Las
mujeres se pusieron a platicar animadamente y como estaba cerca la hora de la
comida de Sonia, los invitó a comer para seguir charlando con Elisa, Miguel,
que vio lo bien que se la pasaban, se disculpó y les dijo que era mejor que
platicaran a solas, mientras, el iría a buscar algo que necesitaba de la farmacia,
y que mejor se encontraran después en la librería, y así acordaron; Elisa se
puso muy contenta y se fue al lonche con su amiga Sonia.
Como
a la hora y media apareció Miguel en la librería, Elisa se veía mucho mejor y
de buen ánimo, las amigas se despidieron con un abrazo y un guiño de ojo. Elisa
y Miguel enfilaron para su casa, Elisa traía una bolsa con los libros que le recomendó
Sonia, mientras Miguel intrigado la miraba; se sentía tranquilo de verla mejor,
el paseo le había sentado bien.
Al
llegar a casa Miguel le preguntó si quería platicar, ella le dijo que prefería leer
los libros y que él se dedicara a otra cosa; así que, considerando que Elisa tuvo
la crisis hacía muy poco, Miguel la dejó hacer su voluntad; se fue mejor a ver las
noticias y el futbol al televisor, mientras ella, encerrada en su cuarto, acompañada
de una taza de café, literalmente devoraba el primer libro. Qué buena suerte
encontrar a la amiga, ojalá que Elisa ya no vuelva a deprimirse —pensó Miguel—
Al día
siguiente domingo Elisa era otra persona, se arregló y siguiendo las normas
sanitarias salieron a pasear, anduvieron por el parque, se sentaron junto a una
fuente donde los roció el agua con la brisa, rieron y se dejaron pringar sin
miedos; compraron dulces en un puesto callejero y regresaron finalmente a su
casa.
Mientras cenaban, Miguel curioso le preguntó a
Elisa de qué trataba el libro, ella le dijo que era complicado explicarlo
ahora, que apenas lo estaba entendiendo y que pronto él lo sabría pues tomaría
medidas al respecto.
— ¿No me vayas a salir con que te quieres matar, verdad Elisa?
—
Para nada Miguel, pero sí creo que tengo que hacer
algunos ajustes importantes en mi vida.
—
Bueno, espero que sea para el bien de los
dos.
—
Si hombre claro, tranquilo, déjame terminar
de leer que a su debido tiempo lo sabrás.
Esta
última frase no supo cómo interpretarla pero no queriendo presionarla así lo dejó.
Pasaron
las semanas y Elisa cada vez más segura de sí misma no dejaba de sorprender a
Miguel, a veces se veía muy seria y otras veces intelectual y solemne, pero ya para
nada triste, esto le daba tranquilidad y le intrigaba a la vez.
Hasta
que llegó el día en que Elisa muy seria esperaba a Miguel del trabajo, al
entrar, le informó que era muy importante que hablaran, que se pusiera ropa
cómoda y la encontrara en la sala.
Al regresar
la vio sentada en el sillón principal con
un libro en su regazo; al ver que él dudaba, Elisa le pidió que se sentara frente
a ella y escuchara lo que iba a decir. Miguel asintió y se sentó en silencio.
—
Mira Miguel, primero debo agradecerte todas
tus atenciones y en especial que me llevaras ese día a la librería, tuve un presentimiento que se cumplió
plenamente al encontrarme con mi amiga Sonia, que fue mi compañera en la sociedad
de alumnos en la prepa; donde vivimos muchas experiencias juntas, pero lo más
importante es que ella sigue siendo una activista social y con los libros que
me recomendó, he encontrado nueva luz para mi vida y he concluido lo siguiente:
Primero, que no me voy a deprimir, a dejar morir, ni a matar, bajo ninguna
circunstancia; Segundo, que ya no voy a
seguir creyendo todas las mentiras que aparecen en los diarios ni en los medios
de comunicación porque nos son veraces, y forman parte de una conspiración
mundial, un complot de las élites del dinero, que nos quiere disminuir y mermar
poco a poco, para que los que quedemos vivos, después de sus nefastos ataques mediáticos,
al final les sirvamos ciegamente.
Elisa continuó
—
Su plan es que, por medio del engaño y el
miedo con que nos tienen amagados e hipnotizados a través de los medios de
comunicación, nos dividamos, que entremos en conflictos personales, sociales, de
género, de religión, de política, de futbol, etc. Para que estando así divididos,
no seamos un obstáculo para sus propósitos y solo hagamos lo que ellos quieren.
Se trata de diferentes técnicas de lavado de cerebro que comprobaron lo valiosas que son para controlar
a la gente durante la segunda guerra mundial; Es más, este control mental lo
siguen utilizando gobiernos de varios países “desarrollados” en contra de la población,
para engañarla y hacerle creer que todo marcha de maravilla, cuando en realidad
actúan de forma deshonesta en contra de los intereses de la mayoría,
reduciéndolos a pacíficos borregos fácilmente manejables y que aun, imbuidos con
un sentido patriótico exaltado, sean capaces de elogiar a sus mismos verdugos, seguir
votando por ellos, estar de acuerdo con sus ideas, etc.
—
Pero mi amor estas teorías conspirativas son fake
news, fantasía, nadie está conspirando contra nadie, ¿Cómo crees eso? estamos
en un mundo libre.
—
¿Ya lo ves? por eso te digo que no veas tanta
televisión, películas y noticieros, ya estás en sus manos, ya se metieron en tu
mente y no te das cuenta.
—
No creo nada de lo que dices y si creo que deberías ver a un sicólogo,
a un especialista para que te de una checada, sin adelantar vísperas y con el
debido respeto.
—
Pues mira Miguel, tal vez tu lo necesites más
que yo, me fue necesario tocar fondo para darme cuenta de que no voy a ser una más
de sus víctimas ni tampoco la tuya, lo he pensado seriamente y voy a separarme
de ti, es una decisión que debí haber tomado hace mucho tiempo, ya no pienso
seguir jugando a la esposa abnegada.
—
Tranquila mi amor no es para tanto, ¿Qué van
a decir de nosotros? ¿Te has puesto a pensar? Además tú no te mandas sola… ¿Lo oíste?
—
¡Tranquila mi amor mangos! Y que no me mando
sola, ¿Quieres ver? ¡No me amenaces Miguel, no sabes con quien estás tratando
ahora, la estúpida y sumisa de tu mujercita se acabó!
—
No te precipites Elisa por favor, me asustas,
estabas hablando tú, termina de decirme
y lo platicamos después.
—
Es que tú me interrumpes Miguel, guarda
silencio y escucha bien lo que te voy a decir.
—
Si mi amor
—
¡No me digas mi amor! escucha con cuidado que
ya no estoy dispuesta a soportar más tus estúpidas manipulaciones.
—
Si pues, escucho, que carácter.
—
Pues ya me tienes harta, ¿Qué no te das
cuenta que eres solo un engrane cascado de una sucia e inútil maquinaria servil?
Como ya te dije, estamos siendo manipulados y me voy a integrar a un grupo
secreto de activistas para proteger nuestra sociedad de la manipulación y
postración en que la tienen sometida, y me voy a ir donde no te importa; voy a
luchar por nuestra libertad de pensamiento, de acción y eso te incluye a ti,
aunque ya estés tan perdido que ni siquiera te des cuenta de ello, por eso
ahora eres solo un estorbo para mí. ¿sale?
—
¿Y quién te va a mantener? ¿Te olvidas que
estamos en pandemia? ¿A dónde vas a ir?
—
¡Silencio que no he terminado¡ eso ahora a ti
no te incumbe y pandemia mis polainas, es solo parte de la manipulación, y te
juro que vamos a encontrar a los culpables, ¿No se te hace sospechoso que se
esté muriendo media humanidad, que tan rápido hubieran salido las vacunas enriqueciendo
locamente a las farmacéuticas y que a dos años no sabemos con claridad cuál es
el origen de este virus? Pero nosotras los vamos a encontrar y a exhibir; Y cuando
hallemos a estos culpables, los vamos a
colgar de las pelotas, aunque tú sigas tan contento frente a la televisión con
tu tapa bocas viendo una película de Walt Disney, los vamos a hacer pagar por sus
crímenes en contra de la humanidad. Vamos a llegar al fondo de esta letrina
internacional y pase lo que pase no nos vamos a dar por vencidas.
—
Si como no, ¿Tú y quien más? Estás como
alunada, eso es imposible.
—
Pues aunque no lo creas, existe mucha gente
que piensa como yo en México y en el mundo y nos estamos organizando, haciendo
una revolución pacífica para acabar con esta manipulación, tenemos la razón y lo vamos a lograr aunque nos cueste la vida;
no vamos a dejar que nuestros hijos y nuestros nietos vivan sus vidas encarcelados
y con miedo, usando un estúpido tapa bocas o dentro de una bola de cristal. Si
de todas maneras vamos a morir, ¡Que sea luchando en busca de la verdad!
Miguel
al ver la seguridad de Elisa, no queriendo atizar más el fuego y con la
esperanza de que después recapacitaría ya no alegó más.
Al
día siguiente cuando regresó del trabajo Elisa ya no estaba, se había llevado
todas sus cosas, solo dejó un libro con una marca entre sus páginas. Se le hizo
un nudo en la garganta y se le rodaron dos lágrimas.
Inconscientemente
abrió el libro y se puso a leer en la página marcada, decía algo así que le
convenció: “El cordero creyó en el pastor hasta el día que supo sería cocinado
en barbacoa”
¡Eureka,
Elisa tenía razón! Miguel deseó salir corriendo desnudo y gritando como
Arquímedes en la antigua Grecia, pero ya era inútil, Elisa lo había abandonado
y quizás no la volvería a ver jamás.
Cuento by Yoxi
25/11/2021
Comentarios
Como lector, el cambio que se da en la esposa es un tanto irreal. Es una transformación de 180 grados en un lapso de tiempo breve.
La conclusión no me satisface. Requería de un mayor tratamiento reflexivo.
Como platicamos, existen varios puntos de vista e interpretaciones de un hecho, cada cabeza es un mundo, aquí mi intención fue entremezclar situaciones familiares y rupturas que se desencadenan por la pandemia y las dos interpretaciones básicas, el que cree que todo está bien y el que ve moros con tranchete.
Gracias por tu comentario, saludos cordiales.