Amnesia Canina

     

Amnesia Canina

¡Hola! Soy Miky; un perro libre y feliz. Mi familia me quiere mucho, cada uno a su manera claro, la paso muy bien. Mi ama, que es yucateca, me prepara todos los días mi pokol de restos de comida, tripas de pollo y tortillas, eso sí, bien condimentada con knorr suiza y a veces le pone un hueso grande de res, para que le de sabor al caldo y me guste más.  

Todos mis amitos son wachitos igual que yo, y tienen un montón de amigos que me conocen y me quieren también, soy famoso en la colonia. 

Mi mamá fue una perrita pequeña lanuda y mi papá era enorme, una cruza de labrador y lobo que una familia trajo de los yunaites. Así que mis raíces son internacionales, tengo lo mejor de dos mundos. Mi porte es de un labrador, aunque soy chaparrito, pues mis patitas son cortitas y mi color recuerda al lobo del bosque, entre negro, gris y café veteado. Mi antiguo amo me regaló aquí porque ya éramos muchos en casa y no tenía dinero para alimentarnos a todos. 

Vivo y duermo donde yo quiero, a veces en la calle, a veces en el garaje y a veces en el patio con el “oso” un perro amigo con el cual me llevo muy bien, pero él está encadenado de por vida, y es que cuando lo dejan salir se aloca, echa a correr y ya mordió a algunos vecinos y transeúntes, especialmente no le caen bien los que llevan sombrero, en eso es muy tonto. No sé cuánto tiempo lleva ahí encadenado, pero come bien y se la pasa bien en lo que cabe. Cuando es invierno y me toca patio, comparto su casita con él. 

Mis amos y yo tenemos todo un sistema de comunicación a base de miradas, gruñidos y movimientos de cola, claro, ellos solamente me hablan. A veces quisiera hablar y solo me salen gruñidos y sonidos chistosos, a ellos les gusta creo, pues me acarician y ríen. 

Un día, me quedé dormido en el garaje detrás del coche, cuando amaneció, quería salir a la calle pero nadie venía a abrir la puerta, así que esperé hasta que alguno de ellos, el que llegara primero, abriera para salir corriendo.  

Se acercaron al mismo tiempo a la puerta mi ama y dos de sus hijos, yo salí del rincón cuando vi que sacaron la llave, y mientras desenrollaban la cadena les ladré, mi ama me dijo: 

— Cállate Micky que vas a despertar a los demás 

— Cállate ya animal del “delmoño” me dijo jocosamente mi amito mayor 

Y cuando abrió apenas un poco la puerta, salí disparado a la calle y me metí corriendo entre los coches —que estaban frente a la casa estacionados— para cruzar la calle. No me fijé que en eso pasaba el pulgoso a San Carlos, camión de pasaje que me agarró, me golpeó con la defensa, me tiró al suelo y me pasó por encima. Di muchas vueltas debajo, creí que era el fin; algo me golpeó la cabeza y no recuerdo más de mí... 

— ¡Cuidado Micky nooo! —Gritó el hijo mayor

— Micky ven acá, ¡nooo! —Gritó mi ama

El camión paso sobre el perro, el chofer no tuvo chance de frenar pues ni siquiera lo vio, le salió intempestivamente de entre los carros. Sus amos asustados le vieron quedar ahí tirado, como un trapo peludo cuan largo era. 

— ¡Ay wey el camión ya planchó al Micky! —Exclamó el hijo mayor 

— ¡Dios santo, Micky, nooo! —Gritó su ama 

— ¡Pinche perro idiota, como se cruza así! —Recalcó el otro hijo

—Ya valió el Micky... 

Se acercaron lentamente al cuerpo inerte, de pronto, Micky volvió en sí, dio un salto asustado y se puso en pie con los pelos del lomo erizados. Los miró, se volteó y arrancó corriendo como alma de judas, quejándose   ¡caicaicai cai 

Fueron vanos los intentos de alcanzarlo, le gritaron, corrieron tras él, pero el Micky siguió corriendo hasta perderse en la distancia. El hijo mayor que lo correteó un tramo regresó asesando. 

 —Pinche perro, no lo pude alcanzar, no hay sangre en el piso ¡mira!, solo está golpeado, ya volverá 

— Mi Micky mi perrito lindo, pobre estaba muy asustado, Dios quiera que regrese pronto para curarlo. —concluyó la madre 

Pasaron los días y las semanas y Micky no volvió, lo buscaron por los alrededores y nada. Pensaron que tal vez iría muy herido internamente y que corrió hasta caer muerto por ahí... 

Un día, la Doña se preparó para ir a la plaza, un tianguis semanal que se ponía junto al mercado en una colonia contigua. Quería comprar recado colorado y puerco para guisar y solo ahí se podían encontrar a mejor precio y de regular calidad. Iba muy mona, maquillada, con su blusa rosa y pantalón de colores, su sombrilla floreada y sus lentes oscuros. 

Al entrar la chulearon ¡Ay güera mire como viene toda arregladita! ¡Pásele, pásele marchanta! ¡Que le damos! 

Encontró todo lo que quería, lleno su bolsa y al retirarse por la puerta de atrás del mercado, por el área donde tiran todos los desperdicios, había una pequeña jauría de perros callejeros husmeando y comiendo que escarbaban entre la basura. Cuál fue su sorpresa al ver al Micky ahí, todo sucio, tímido, apocado, husmeado junto con los otros perros callejeros; no lo podía creer, tal vez era un perro que se le parecía —pensó— Se acercó con cuidado y lo llamo cariñosamente ¡Quimiaus quimiaus eres tú!, Si era él, ¡Micky ven conmigo, anda ven!

El perro volteó a verla con una mirada extraña, algo raro tenía, se acercó más y lo siguió llamando; entonces el perro comenzó a mover la cola, se le acercó medroso y finalmente la siguió como chiveado... 

Cada cierto tiempo se detenía y lo tenía que arrear de nuevo para que siguiera caminando con ella. Finalmente llegaron a la casa y lo metió, olía a rayos. Lo bañaron y le dieron de comer y poco a poco fue recuperándose físicamente y  su memoria regresó, hasta volver a ser el mismo perro juguetón e irreverente  de antes. 

—Micky: No sé qué pasó, pero un día estaba yo buscando comida en la basura, cuando mi ama me llamó. Fue como un sueño, pero si, era ella, mi ama, tal vez en otra vida mejor, no sé pero la recordé.

Ahí en el mercado no me querían, me pateaban y me corrían a quienes me les acercaba, así que cuando la vi no supe que pensar, me llamó por mi nombre que no recordaba bien, la seguí y regresé a casa, fue un momento feliz, aunque las cosas fueron cambiando después… 

Mis amitos crecieron y se fueron de la casa, a veces no hay quien me abra, así que duermo a la puerta de la casa esperando. Mi ama y su esposo ya están viejos igual que yo, creo que se van a ir de la casa... 

Mis amos ya se fueron de la casa y me dejaron aquí, otra familia vino a vivirla y de vez en cuando me dan de comer, hace mucho frío en invierno, estoy muy viejo y enfermo, el oso ya murió y ellos no me dejan entrar ni a la casita del  patio. 

La nueva inquilina me dio medicina con la comida, tengo bronquitis y toso mucho, casi asfixiándome, me siento muy mal y no tengo ganas ni de pararme, pero sigo aquí, echado al pie de la puerta, esperando que alguno de mis antiguos amos venga para que me deje entrar como antes. 

Hoy me sentí muy bien, así que me levanté y salí corriendo, hay un sol esplendoroso, no sé, pero tengo ganas de ir muy lejos, así que adiós, y se fue retozando feliz. 

Al día siguiente, la nueva inquilina abrió la puerta para ver como seguía el viejo perro, le llamó por su nombre: ¿¡MikyMicky!? Pero el Micky, que ahora era una bola helada de pelos malolientes, no respondió ni moviendo la colita. ¡Ay! Creo que el Micky ya se murió…  

Cuento por Yoxi  

En memoria del “Micky” y celebrando el día del perro.

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